No salieron jamás
del vergel del abrazo.
Y ante el rojo rosal
de los besos rodaron.
Huracanes quisieron
con rencor separarlos.
Y las hachas tajantes
y los rígidos rayos.
Aumentaron la tierra
de los pálidas manos.
Precipicios midieron,
por el viento impulsados
entre bocas deshechados.
Recorrieron naufragios,
cada vez más profundos
en sus cuerpos y sus brazos.
Perseguidos,hundidos
por un gran desamparo
de los recuerdos y lunas
de noviembres y marzos,
aventados se vieron
como polvo liviano:
aventados se vieron,pero siempre abrazados.
Miguel Hernández
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ResponderEliminarEl poema es muy bonito y además te pega muchisimo porque los enamorados no se separan nunca aunque haya huracanes ... igual que tu y Florin jajaja
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